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Táler de Segismundo Báthory 1591 Sigismundus Báthory. Princeps Transsylvania. 1591

escudo

En el escudo familiar aparecen las garras de un dragón, porque cuenta la leyenda que en el origen de la familia Báthory, en el año 900, un  guerrero llamado Vitus se dispuso a luchar con un dragón que acechaba en los pantanos

cercanos al castillo de Ecsed ( en realidad no existía aún el castillo en la época de la leyenda). Vitus consiguió abatir al dragón, después de tres lanzamientos de su lanza. Como agradecimiento, recibió el castillo, y el nombre de Báthory, que significa buen héroe.

En húngaro, bátor significa valiente. En origen el escudo era un dibujo de tres dientes colocados horizontalmente rodeados por un dragón mordiendo su propia cola.

En el reverso de la moneda vemos los tres dientes en el escudo, franqueado por dos ángeles. En el anverso aparece la imagen de Segismundo de Bathrory, con cetro al hombro, y armadura.

Existe un ejemplar como este en el Museo Arqueológico Nacional.

Principado de Transilvania.

El Principado de Transilvania fue un estado independiente de idioma y cultura húngara, con una monarquía electiva que existió entre mediados del siglo XVI y principios del siglo XVIII, en los territorios de la actual región de Transilvania que se encuentra dentro de las fronteras de la moderna Rumania.

princiadoTransilvaniaEl Principado de Transilvania fue el Estado que mantuvo viva la cultura húngara durante el periodo de crisis y decadencia que siguió a derrota en la batalla de Mohács en 1526 contra los turcos donde falleció el rey Luis II de Hungría.

La principal figura de este Estado era el príncipe de Transilvania, el cual era electo de entre la nobleza húngara por la gran asamblea de los altos órdenes. En muchas ocasiones el sultán del Imperio otomano intervenía directamente en la política interna del Principado, deponiendo o colocando en el cargo superior a aquel noble húngaro que le conveniese, pues si bien este Estado era independiente, tributaba a los turcos por sus privilegios.

El Principado de Transilvania desapareció cuando el reino húngaro fue reunificado después de 1686 por los Habsburgo, y el título de príncipe transilvano disuelto, siendo entonces el emperador germánico el monarca supremo sobre todos los territorios húngaros.

Para tener en cuenta

A la muerte de el rey húngaro Luis II el antiguo reino de Hungría queda dividido en 3 partes. Los emperadores Habsburgo que habían reclamado el título de reyes de Hungría por ser los familiares más cercanos al último monarca retuvieron la zona oeste y norte, la más occidental y limítrofe con sus territorios.

Para el imperio Turco quedaron las fértiles llanuras centrales y la capital, Buda; mientras que en el montañoso occidente se mantuvo un régimen de principados o “voivodatos” ―entre otros, el de Transilvania― gobernado por príncipes electivos húngaros bajo protectorado otomano pero con el reconocimiento de una amplia autonomía a cambio de tributación.

El principado transilvano tenía problemas religiosos, ya que el luteranismo había hecho su aparición, estaban los turcos, y se intentaba mantener la llama del catolicismo. Además, con posterioridad aparecieron núcleos calvinistas, en zonas cercanas a los turcos y quedaron minorías significativas de fieles católicos en los dominios de tres familias nobles, entre ellas los Báthory.

La asamblea que agrupaba a los nobles transilvanos, La Dieta, aprobó diversos decretos que amparaban la convivencia entre las religiones, garantizando un precario equilibrio entre los nobles, con el beneplácito del Sultán.

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Esteban Báthory

Esteban Báthory, católico entre protestantes, había sido elegido príncipe de Transilvania a la muerte de Segismundo Zapolyai en 1571 con el apoyo del Sultán, y fue un monarca que reinó con habilidad. El Principado fue elevado paulatinamente a un alto nivel cultural, y adquirió más importancia aún, cuando en 1576 fue electo como Rey de Polonia. El conde húngaro no renunció al título de príncipe transilvano, sino que por el contrario mudó la sede a Cracovia, desde donde gobernó dejando a su hermano mayor Cristóbal Báthory como regente en Transilvania. Esteban Báthory de confesión católica, se esforzó por fortalecer la fe de Roma trayendo a jesuitas a Transilvania, la cual se había convertido mayoritariamente al protestantismo después de la reforma de Lutero. Pero nunca perdió de vista que era necesario aceptar los tratados de concierto con la nobleza polaca que, como en Transilvania, incluían garantías para aceptar la tolerancia religiosa.

En 1581 murió Cristóbal Báthory, y fue elegido como su sucesor su pequeño hijo Segismundo Báthory de 9 años de edad, ya que Esteban Báthory, su tío, deseaba que existiese cierta continuidad familiar en el reinado. Tutores cuidaron de Segismundo hasta que asumió el trono transilvano a su edad adulta en 1588, dos años después de la muerte de Esteban Báthory.

Mientras tanto, la situación político-religiosa de los territorios del Sacro Imperio durante la segunda mitad del siglo XVI era tan complicada como la que se daba en el reino polaco o para Transilvania. En la época en la que accedió al trono el emperador Maximiliano II, en 1564, el equilibrio de fuerzas protestantes y católicas establecido en territorio imperial por la Paz de Habsburgo estaba comenzando a ser seriamente trastocado, porque muchos de los que eran antes laicos o católicos, se habían convertido al luteranismo, o al calvinismo.

El Emperador Maximiliano intentó buscar alguna solución intermedia que devolviese de nuevo la unión a las iglesias en guerra, pero no la encontró. Los fracasados esfuerzos de reconciliación de Maximiliano fueron seguidos, a partir de 1576 por su hijo Rodolfo II, que era más devoto de la iglesia romana, mientras que Maximiliano, en su fuero interno y por influencia de alguno de sus preceptores, comprendía e incluso veía con simpatía varias de las tesis protestantes.

Aunque Rodolfo II estaba comprometido con la Iglesia de Roma, debido a su afán superior de mediar entre diferentes religiones, y a su naturaleza melancólica y voluble no ofrecía suficientes garantías al Papado. Por último, el equívoco acercamiento de los Habsburgo austriacos al problema protestante en los Países Bajos, sembraba dudas sobre el compromiso dogmático con el cristianismo de Roma, lo que molestaba profundamente al Sumo Pontífice y también al tío del Emperador, Felipe II. Al rey español le preocupaba que la intervención imperial fuera insuficiente para impedir que los príncipes alemanes se aliasen con Francia y con los holandeses.

Por otra parte, el imperio Otomano había salido vencedor de su conflicto con los Persas. Así que tenían recursos para volver sus ojos a Europa.

Guerra al Turco

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Sigismundus Báthory

El conflicto con los Otomanos se planteó como una cruzada contra el Islam, amparada por el papa Clemente VIII. Cualquier elemento de cohesión que simbolizara la fortaleza de una unión que, en realidad, era coyuntural y precaria debía ser difundida, engrandecida y puesta de relieve de cara a la opinión pública. Aunque los integrantes de la misma tenían sus propios problemas político-religiosos.

En este contexto el príncipe de Transilvania, Segismundo Báthory, no fue un aliado más en la Liga Cristiana; se convirtió en un “emblema vivo”, en la alegoría tangible del “príncipe cristiano de Frontera” en la lucha común contra el Turco.

El desarrollo  de la guerra  fue  complicado, y  aparte  de  la batalla de  Keresztes  (Agria  en las «relaciones  de sucesos»)  en  1596, no hubo  grandes  encuentros  entre  el  ejército  imperial  y  el  otomano,  sino  continuos  sitios  y  expugnaciones  de  ciudades  y fuertes  en los que los cristianos demostraron  su superioridad  artillera  y  los turcos  su excelente  logística.  Sin embargo  fue  una  guerra poco  profesional,  de  campañas  breves  y  agónicas  y  sensación  de  descontrol  del  territorio  y  anarquía. No  hubo un  frente, porque  a los austríacos  se sumaron  diversas  rebeliones  dentro  del Imperio otomano, de tal modo que  el vasto espacio comprendido  entre  Moldavia,  Albania  y  Eslovaquia  fue  durante  años un  área  insegura  arrasada  por  diversas  correrías.

En  esta maraña  guerrera  interesa resaltar un  foco:  en  1594,  el joven  príncipe  de Transilvania  Segismundo Báthory rompió  su fidelidad  con  el Sultán (Murad III, que falleció al año siguiente)  y  se pasó al  campo  católico,  arriesgando  su pequeño  territorio  a  la  ira  del  Gran  Señor.

La confluencia de obligaciones impuestas por el Imperio Otomano a los principados del Este, así como las permanentes intromisiones turcas en su vida política ―que contravenían el estatuto de autonomía que siempre les había reconocido el sultán― contribuyeron aún más a deteriorar la alianza que por supeditación legal soportaban aquellos territorios.

Como consecuencia de ese cambio de política exterior tuvo que enfrentar una cruenta rebelión de sus opositores entre los que se encontraba gran parte de su familia, contraria a los Habsburgo, y con una cierta aceptación de los convenios con el turco.

Los otomanos vieron peligrar su paso hacia el Danubio, y sus suministros provenientes de Valaquia y Moldavia.

Con este cambio estratégico, se había situado en el plano personal e institucional en la primera línea de la política europea y tanto él como sus nuevos aliados, procuraron adornarlo con los elementos simbólicos e incluso dinásticos que certificasen su nuevo papel en el concierto de la Cristiandad.

Se estableció, a instancias del papa Clemente VIII una nunciatura en Alba Iulia. Obtuvo el nombramiento de caballero del Toison de Oro.

Para consolidar su nueva buena relación con los Habsburgo, casó con una archiduquesa

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María Cristina de Habsburgo

autriaca. La boda por poderes se celebró el 4 de marzo de 1595.

El acontecimiento dinástico descrito como tal en El prodigioso príncipe transilvano de Lope de Vega introducía a la Corte de Alba Iulia en la red de conexiones cortesano-familiares Habsburgo de la época. El matrimonio de la Archiduquesa María Cristierna con Segismundo Báthory afianzaba, a la manera de los Austrias, los lazos del Principado de Transilvania con el mundo cristiano-católico.

 El ocaso

A partir de 1598 en la vida real todo fueron malos sucesos para el Príncipe Transilvano. Segismundo Báthory reafirmó los antiguos derechos húngaros al dominio de Valaquia y Moldavia, lo que iba en contra de las pretensiones de Miguel El Valiente, el enérgico voivoda valaco. Los Habsburgo tenían también sus propios objetivos y como herederos del antiguo reino húngaro, finiquitado en la batalla de Mohács de 1526, no perderían una ocasión favorable de someter a Transilvania a su dominio directo.

Segismundo Báthory, inseguro en sus propósitos y en su propia capacidad, abdicó el trono de Transilvania a favor del emperador Rodolfo II (abril de 1598) y luego lo volvió a ocupar (agosto de 1598), aumentando de este modo la confusión que reinaba al norte del Danubio.

Mientras tanto Miguel de Valaquia, llamado “El Valiente”, declarando que actuaba en bien del Emperador invadió Transilvania en 1599 y Moldavia en 1600. Su triunfo provoco una intervención polaca en Moldavia y Valaquia con el rey Segismundo Vasa a la cabeza que precipitó una resistencia combinada en Transilvania de los elementos húngaros y de las fuerzas imperiales enviadas en su ayuda.

Después del asesinato del voivoda Miguel en 1601 se siguieron en Transilvania casi cuatro años de control imperial que implicaron medidas contra la religión protestante y contra los terratenientes. Se intentó disminuir la influencia de los grandes nobles locales confiscando una parte de sus bienes y se procedió al nombramiento de funcionarios austriacos e italianos como instrumentos de un régimen Habsburgo centralizado. El resultado final fue que Transilvania, dirigida por Stephen Bocskai, elmás capacitado de los lugartenientes de Segismundo Báthory, abandonó la alianza con el emperador y buscó un nuevo entendimiento con el sultán. En 1605 se quiso apelar de nuevo a Segismundo Bathori como opositor a Esteban Bocskai, pero no aceptó.

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Mehmed III, el Sultán (1595-1603)

El nuevo cambio de las alianzas transilvanas tuvo un marcado efecto sobre el curso de la larga guerra húngara. Favoreció hasta tal punto la situación de los otomanos que sus ejércitos pudieron recuperar durante la última fase del conflicto, los territorios que en la etapa anterior les habían ganado las fuerzas imperiales. Este caos acabó complicando a Viena y Estambul en serios conflictos internos, lo que condujo a la firma de la paz de Zsitvatorok (1606) en la que se restauraron las fronteras de 1592.

Una Transilvania perdida para una Cristiandad definitivamente dividida. A cambio, el principado disfrutó de una breve edad dorada como estado dotado, en gran medida, de independencia tanto en relación con el emperador como con el sultán.

Tampoco le fue bien en su matrimonio.

El matrimonio de Segismundo y María Christierna resultó desafortunado. Segismundo no pudo consumarlo y abandonó el lecho nupcial con la voluntad de convertirse en sacerdote. Cuando abdicó en 1598 se deshizo de todos los objetos valiosos de palacio y quemó el archivo. La principal fuente de reconstrucción de su vida cortesana en Alba Iulia desapareció por propia voluntad. Entre tanto su esposa austriaca, que había gobernado de forma efectiva para cubrir sus largas ausencias, preparaba la retirada. Aunque el 20 de agosto de 1598 Segismundo Báthory recuperó el trono temporalmente y escenificó una vuelta a la normalidad conyugal, nuevamente envió a su esposa al castillo de Kővár días después. María abandonó definitivamente Hungría en abril de 1599 y regresó a Austria por influencia y consejo de su familia el 17 de agosto de 1599.

En 1607 María entró en la residencia para damas nobles de Hall, en Graz, bajo supervisión jesuita. Allí terminó sus días intercambiando cartas con sus hermanas, la gran duquesa de Toscana María Magdalena y la Reina de España Margarita, esposa de Felipe III, que corrieron mejor suerte nupcial y dinástica que ella. Incluso barajó la posibilidad de viajar a Madrid para vivir en el Convento de las Descalzas Reales donde había residido su abuela, la emperatriz María, tras enviudar, aunque finalmente no se lo permitieron. Murió en Graz como dama principal entre monjas el 6 de abril de 1621

Mientras tanto, Segismundo vivió retirado cerca de la ciudad de Praga como pensionado del Emperador y murió el 27 de marzo de 1613.

¿Por qué en España se  hablaba tanto de Transilvania?

De las veinte relaciones (publicaciones similares a hojas periodísticas de la época) en castellano recogidas por Rubén González Cuerva (2006) que dan noticia del Príncipe Transilvano, diecinueve detallan sus victorias y enfrentamientos con los turcos en los campos de batalla. La mayor parte de ellas están editadas en Sevilla por el impresor Rodrigo de Cabrera. Las «relaciones de  sucesos» no lo dudan: se trataba del héroe triunfal  que necesitaba la guerra,  el perfecto  caballero  cristiano  entregado  a Dios  antes  que  a razones  de estado, que  da  la  espalda  a Estambul  por  la Madre  Iglesia  y  se pliega  totalmente  a los  planes  de  Roma

Sin embargo, la imagen propagandística  de los textos contrasta con  la precaución de  la documentación  pontificia,  que  le ve  joven,  inexperto  e impulsivo.  Segismundo provenía  de un  linaje  noble húngaro  católico. Su tío Esteban Báthory  era  el rey  de Polonia,  lo que  le había dado  la base  de poder  para  afianzar  el  dominio  sobre su Transilvania natal y hacer  el principado hereditario para  su joven  sobrino (1581).

 Éste se había criado  en un  ambiente italianizante  que plasmará  en su  corte  de  Alba Julia  rodeándose  de  músicos, poetas  y  cocineros  transalpinos.  Su  religiosidad  exacerbada  parece  responsabilidad  de los jesuítas  que  le educaron y  a los que  él protegió (entre ellos uno de sus tutores, Alfonso Carrillo, jesuita español, profesor de Teología en París y Alemania).

Todos estos matices de integración quedan difuminados en las relaciones de sucesos que difundieron sus proezas en castellano. En este caso el príncipe campeón por la Cristiandad era, sobre todo, el príncipe cristiano de la Contrarreforma. La imagen literaria de Báthory llegaba a Sevilla filtrada por Roma y la versión que se da de él procede fundamentalmente de fuentes jesuíticas.

Y contienen una idealización necesaria para la población, que necesitaba tener seguridad en que había un héroe que luchaba por la cristiandad, contra el Turco…

Lope de Vega, como ya hemos indicado anterioremente, recrea en su obre El prodigioso príncipe transilvano los esponsales de Segismundo Báthory, ofreciendo una modélica imagen del príncipe cristiano, y basando sus fuentes claramente estas «relaciones de sucesos». También Se cree que un personaje aludido por Cervantes, en la Novelas Ejemplares, Las Dos Doncellas, hace referencia al Transilvano, aunque parece ser que por el resto de las referencias de la novela, podría ser Janos Segismundo.

Una prima que asusta

primaComo curiosidad, vamos a hacer mención a la prima de Segismundo, hija de su tío Jorge. Elisabeth tenía 12 años cuando el nació. Era una chiquilla que sufría de ataques epilépticos, que cesaron en la pubertad. Cuando cumplió 15 años, fue desposada por un primo suyo, apodado “Caballero Negro de Hugría”, porqe empalaba a sus enemigos.

Elizabeth Báthory pasaba mucho tiempo sola. Mientras tuvo hijos, y su marido vivió, llevó una vida bastante normal. No obstante, al fallecer su esposo, y crecer sus hijos se obsesionó con la eterna belleza, y se rodeó de brujos, hechiceros, esoteristas.

La convencieron de que con sangre de doncella, tanto bebida, como en baños, mantendría la eterna juventud. Así que comenzó a sacrificar doncellas. En un primer momento eran de clase baja, pero al ir pasando el tiempo, perdió las precauciones, e intentó sacrificar a una noble, lo que le costó que la descubrieran, y la condenaran a morir emparedada.

Sobrevivió 4 años encerrada entre cuatro paredes, con una ranura para que le dieran la comida y el agua. Un día dejó de comer, y falleció el 21 de agosto de 1614, un año después que Segismundo.

Se cree que algún asesinato horrible sí cometió, pero hay dudas de lo terrible de su historia (se le achacan 650 muertes) , porque tenía muchos enemigos, entre los que se contaba su suegra Úrsula, y los nobles que envidiaban sus posesiones.

Bibliografía:

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